Archivo mensual: febrero 2010

El día que la homeopatía se coló por la puerta grande

Esta es la historia de cómo la homeopatía se coló por la puerta grande de la ciencia. Una historia que deberían leer aquellos que aprueban esta práctica en nuestros hospitales públicos.

Actividad de las sucesivas diluciones realizadas en el experimento

El 30 de junio de 1988 la prestigiosa revista Nature publicaba un escueto artículo con 2 figuras y 3 tablas de datos. El título, acorde a los estándares científicos, sonaba aséptico: “Desgranulación de basófilos humanos activada por suero anti-IgE muy diluido” [Traducción libre de “Human basophil degranulation triggered by very dilute antiserum against IgE“]. Ni siquiera hacía falta leer el artículo para que saltaran las alarmas de los lectores, ya que al final del mismo el comité editorial de la revista dejaba una inusual nota que rezaba” Algunos lectores de este artículo podrían compartir la incredulidad que muchos revisores han comentado en las múltiples versiones del artículo”.

El trabajo que daba lugar al artículo había sido dirigido por el Dr. Benveniste y su conclusión más impactante era que un suero que activa la respuesta inmune seguía siendo activo al diluirlo 10120 veces, un número mucho mayor que los átomos que existe en el universo. Para hacernos una idea aproximada, la probabilidad de que haya una sola molécula de compuesto activo en la muestra del estudio era mucho menor de que yo elija un átomo concreto en el universo y tú, lector de este blog, adivines cual es.
¿Cómo en estas circunstancias podía ser la muestra activa? El estudio no ofrecía una respuesta concreta a esta pregunta pero dejaba abierta la puerta a la máxima de la homeopatía: el agua recuerda que contenía el compuesto activo y actúa en consecuencia.

James Randi

Al poco de publicarse el artículo la revista Nature organizó un grupo de investigación para analizar los resultados del grupo del Dr. Benveniste. En este grupo estaba, además de un editor de la revista y un investigador de fraudes científicos, el conocido escéptico e ilusionista James Randi. El grupo repitió los experimentos con un procedimiento de doble ciego e incluso mostró el protocolo al Dr. Benveniste por si encontraba alguna irregularidad, cosa que no ocurrió.Los resultados revelaron que tal “extraordinaria” actividad se debía a fallos en el diseño experimental del Dr. Benveniste y a errores sistemáticos en el desarrollo del experimento. La investigación sugirió, además, un fraude por parte de varios colaboradores que a su vez trabajaban para una empresa de homeopatía.

El Dr. Benveniste murió en 2004 sin retractarse de su estudio y sin que la revista Nature retirara su artículo. Todo ello a pesar de que la investigación y posteriores estudios demostraron la falsedad de los datos. Quizás la homeopatía ganó una batalla pero debemos pensar que, al jugar con las reglas de la ciencia, su estudio es una arma en nuestra mano ya que podemos asegurar que incumple la base fundamental del método científico: la reproducibilidad.

Si te ha gustado el artículo puedes menearlo aquí.

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Marcando el ADN

Las abejas tienen un curioso sistema para decidir el futuro de cada nueva larva. En principio, la abejas reina y las obreras comparten el mismo código genético: son gemelas y sin embargo tan diferentes. Desde hace mucho tiempo se sabe que algunas larvas son alimentadas con un jugo especial, denominado jalea real, que provoca que estas larvas se conviertan en reinas. Recientemente se ha descubierto que los nutrientes que contiene la jalea real producen una cascada de eventos en las larvas cuyo objetivo es retirar unas marcas del ADN que impiden la expresión de los genes necesarios para formar el cuerpo de la abeja reina.

Estas marcas en el ADN, llamadas metilaciones, son parte de un grupo de modificaciones que regulan la expresión de nuestra información genética y que se ven alteradas por el ambiente. Su estudio se denomina epigenética y tiene gran importancia en muchos campos de la biología, como el desarrollo embrionario o la biología evolutiva.

Uno de los aspectos más interesantes de estas marcas es que se pueden heredar, es decir, que las modificaciones en el ADN que sufre una generación pueden ser heredadas por sus hijos y nietos. Ya hemos visto lo poderosas que estas pueden ser si permiten cambios tan radicales como los que ocurren entre una abeja reina y una obrera. De hecho, muchos estudios apuntan a que este tipo de cambios condicionados por el ambiente pueden tener gran relevancia en humanos. Estudios epidemiológicos han demostrado, por ejemplo, que la alimentación de nuestros padres y abuelos afecta a la probabilidad de que suframos obesidad o diabetes. Estamos todavía ante la punta del iceberg y estudios futuros tendrán que aclarar cómo afectan realmente los factores ambientales y alimenticios a los genes que legamos a nuestros hijos.

Nota: este artículo se publicó originalmente en Tercer Milenio, el suplemento de ciencia del Heraldo de Aragón. Es el primero de una serie de artículos que escribiré para una nueva sección titulada “Apuntes en doble hélice”. Podéis encontrar el original en la edición digital de Tercer Milenio.

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